Nunca ha habido tantos militares españoles en el extranjero como con el gobierno de Zapatero. Esta es la esencia de su posición: decir una cosa y hacer la contraria.

Pero, además, paga con nuestros soldados su propia inutilidad. El rescate de las azafatas españolas que Moncloa fue incapaz de conseguir se saldó con la intervención francesa y el regalo de Sarkozy de traerlas a Madrid para que Zapatero se hiciese la foto.

La deuda se saldó con 800 españoles en Chad y en Djibuti, que ahora la ministra de Defensa visita para aparentar que hace algo en su ministerio, aparte de molestar a los militares de carrera y hacer el ridículo en las reuniones de la OTAN.